Una investigación del Miranda Center for Democracy reveló que la República Popular China convirtió a Venezuela en un laboratorio de control autocrático, mientras sus multimillonarios préstamos se hundieron en corrupción y proyectos inconclusos.
El estudio sostuvo que, aunque la apuesta económica fracasó, Pekín instaló en el país un modelo de vigilancia y represión tecnológica que el régimen de Nicolás Maduro utilizó para sostenerse en el poder.
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Entre 2007 y 2017, el régimen chavista recibió entre 60.000 y 68.700 millones de dólares en financiamiento chino, más del 40 % de los préstamos otorgados por Pekín a América Latina en ese período. Sin embargo, la negligencia y la corrupción provocaron el colapso de proyectos emblemáticos —como el ferrocarril Tinaco-Anaco— y un incumplimiento sistemático de compromisos petroleros.
El informe advirtió que la política inicial de créditos “sin condiciones” se convirtió en una vulnerabilidad para China. Tras el desplome del precio del crudo en 2014, Venezuela comenzó de facto a incumplir pagos respaldados con envíos de petróleo, dejando a Pekín expuesto financieramente.
La investigación concluyó que, más allá del fracaso económico, el verdadero legado de China en Venezuela fue la consolidación de un sistema de represión digital y militar.
Según el Miranda Center, el país terminó siendo el campo de pruebas de una autocracia tecnológica, exportando mecanismos de control a otros regímenes de la región y manteniendo vigente esa influencia hasta 2025.






